Herramientas para la profesionalización circense en Latinoamérica

Por Romina Buscaglia (Chile)

Contra un clima de confinamiento y resguardo generalizado, resultado de una pandemia global, hemos lanzado una invitación abierta e inclusiva para dialogar y reflexionar sobre el circo Latinoamericano. Bajo el nombre, Hablemos de Circo: Espacio Virtual de Diálogo y Reflexión, esta iniciativa propone una serie de charlas con el fin de compartir, generar y difundir conocimiento sobre la diversidad del circo en Latinoamérica, así como sus retos y necesidades. Las temáticas se definen a partir del interés de los participantes, de su experiencia y sus áreas de pericia. El único requisito para participar es comprometerse y hacer un esfuerzo por escuchar, aprender de los demás y compartir sus conocimientos. Acompañándonos en diálogo y reflexión, nuestra meta también es tender puentes entre fronteras nacionales, crecer como red e impulsar el acceso al conocimiento y la difusión de información confiable. Haciendo comunidad, queremos reducir la distancia entre la teoría y la práctica circense.

Introducción

La segunda charla se llevó a cabo el 26 de marzo 2020 con el título “Herramientas para la profesionalización circense en Latinoamérica”, moderada por Andrés Mateo Castelblanco desde Francia. Mateo nació en Bogotá, Colombia, en 1994.  A sus 16 años viajó a México, donde estudió durante cuatro años en la Escuela de Artes escénicas y Circo Mesoamericana de Puebla, especializándose en equilibrio de manos. Mateo ha tenido la oportunidad de trabajar tanto para compañías de circo tradicional como contemporáneo. Con esta experiencia logró entrar a Cirko Vertigo en Turín, Italia, una escuela donde comenzó a especializarse en Washington Trapeze, la disciplina que le brinda adrenalina y concentración.

Andrés Mateo Castelblanco continuó su formación en la Escuela Nacional de Circo de Francia, ENACR-CNAC donde se ha dedicado a desarrollar su técnica de circo e identidad artística. En su investigación artística integra elementos del circo tradicional y contemporáneo con sonidos folclóricos y experimentales.

Mateo estructuró su presentación identificando tres momentos fundamentales del desarrollo profesional de un artista de circo, categorías útiles para reflexionar sobre el contexto particular del circo en América Latina.

1) Antes de la formación profesional que hace referencia al momento donde decidimos iniciar el camino de la profesionalización y nos encontramos frente a un muro lleno de preguntas sobre nuestras posibilidades reales, ya sea para audicionar a escuelas profesionales de circo o para lidiar el cambio drástico de vida y residencia que implica salir del país para recibir formación profesional. Un problema urgente que identifica Mateo es la escasez de información disponible para tomar decisiones y enfrentar un reto de tal magnitud.

2) Durante la formación profesional se refiere entonces a la serie de retos que alguien enfrenta una vez que ha logrado iniciar un programa de formación. En esta etapa, Mateo identifica diferentes aspectos que hacen de nuestra formación una experiencia más enriquecedora, por ejemplo, la estabilidad o “salud” psicológica”, la apertura al conocimiento en otros contextos, el apoyo familiar, la estabilidad económica, y el participar en círculos y redes disponibles para compartir la evolución propia y observar como otros artistas llevan sus procesos en diferentes instituciones.

3) Finalmente, después de la formación profesional comienza un proceso muy complicado y retador: la inserción al ámbito profesional. Una vez terminado el proceso de aprendizaje, ¿qué ayuda a un artista de circo a vincularse al mercado laboral? ¿Cómo obtener información sobre los diferentes rubros y oportunidades que existen? ¿Qué apoyos brindan los gobiernos en este proceso? Y sobre todo, ¿cómo se da la inserción laboral del artista de circo en países latinoamericanos?

Profesionalización del circo en América Latina

Para partir me gustaría comentar que cada país en Latinoamérica se encuentra en momentos distintos de profesionalización ya que existen países con mayor apoyo gubernamental destinado a la cultura, así como hay países donde el apoyo es nulo o deficiente. Para poder apoyar los procesos de formación en cada país es necesario conocer sus realidades. Indudablemente, el circo en Latinoamérica es muy diverso y cada contexto necesita diferentes pautas y caminos de profesionalización.

Personalmente, creo que antes de la profesionalización es un momento de angustia e incertidumbre que implica una decisión que tendrá un impacto mayor en nuestro futuro. Además, en América Latina esta decisión se debe tomar en climas de incertidumbre donde las políticas públicas cambian con cada gobierno en turno. Sin apoyos o becas en que confiar, individuos se aventuran al extranjero con muy poca información sobre escuelas de circo y programas de formación profesional e inclusive sin conocimiento sobre cómo hacer audiciones. Con poca información y mucha incertidumbre, resulta muy difícil responder ciertas preguntas básicas que podrían enfocar el camino desde un inicio. ¿Qué tipo de artista quiero ser? ¿Por qué elegir una escuela sobre otra? ¿Cuál es mi meta profesional y a dónde deseo llegar? Aún cuando sea difícil contestar estas preguntas, son muy importantes para canalizar nuestros esfuerzos exitosamente en este primer momento del proceso.

Hay múltiples formas de mejorar esta situación. Una quizás más eficaz es ir a la raíz del problema. Es necesario implementar el circo en la educación pública, desde la educación primaria y secundaria. El circo podría brindar no solo un apoyo al deporte y la disciplina física sino un enfoque artístico que da una perspectiva más amplia del uso del cuerpo para expresarse y no solo para competir. Así también, el circo podría brindar una oferta más amplia de talleres para niños y jóvenes. Este cambio les podrá parecer lejano o descabellado a algunos, sin embargo, ya existen casos de éxito. En la charla se compartió que en Uruguay se ha impulsado una iniciativa para implementar el circo en instituciones escolares tempranas, desde el ramo de la educación física. Me parece que como artistas de circo tenemos la obligación de estar más informados de estos casos e inspirarnos para fomentar un cambio en nuestros contextos.

Como ilustró Matero en la charla, durante el proceso de formación profesional, la estabilidad, el bienestar psicológico y el apoyo familiar son herramientas valiosas que permiten mantener la disciplina, tener la moral alta, tolerar la frustración, y encontrar el apoyo necesario para superar bloqueos que surjan en el proceso formativo. Parece que muchos artistas que han salido al extranjero para formarse no encuentran canales para mantenerse informados y conectados con el circo latinoamericano. ¿Cómo crear redes y herramientas que apoyen artistas latinoamericanos formándose en diferentes continentes? ¿Cómo mantenernos conectados de forma que aprovechemos las vivencias de nuestros artistas en el extranjero y podamos conocer las condiciones en las que se vive, estudia y trabaja el circo en otros países?

Respondiendo a esta problemática, Mateo ha impulsado una iniciativa llamada CAEC en Colombia. En una plataforma de blog, CAEC es un centro de atención para estudios de circo donde se registran datos de escuelas y espacios para la formación de circo en distintos lugares del mundo. Hagamos una atenta invitación para conocer, apoyar y dar difusión a proyectos como el CAEC, que contribuyen positivamente a los caminos de profesionalización que con mucho esfuerzo emprenden nuestros artistas.

Es vital que en cada país aparezcan más y más iniciativas de comunicación y que en conjunto podamos encontrar formas de reivindicar nuestro circo para tener más fuerza y poder, para tener voz y legitimidad. En realidad, no hay nada que nos impida organizarnos y unificarnos en Latinoamérica como lo ha podido hacer el circo en la Unión Europea. Para lograrlo, será necesario enfocar nuestro aprendizaje como gremio para, por ejemplo, fortalecer los vínculos con instancias gubernamentales.  ¿Cómo lograr que el gobierno tome con seriedad la formación del artista circense y reconozca al circo como una profesión y no solo como un espectáculo recreativo?

Desde la iniciativa privada surgen otros retos. En el sistema capitalista en que estamos insertos, el arte es usualmente mirado como producto de consumo. Por esto los artistas tendemos a tener conflictos internos acerca de la práctica que desarrollamos. Muchos sentimos inseguridad y dificultad al buscar ser reconocidos como artistas. En realidad, aunque sea complicado auto-validarse como artista, aún así, nada nos impide luchar por nuestro reconocimiento como trabajadores del arte: como profesionales circenses que pueden marcar una diferencia en la sociedad. En este punto de la discusión, cabe la pregunta ¿qué significa ser profesional?

¿Qué significa ser profesional de circo en Latinoamérica?

Existe gran ambigüedad en la definición de cómo y cuándo un individuo, una compañía o incluso un sector es profesional. En lo individual, una idea común es pensar que es profesional el que egresa de una escuela profesional de circo. Sin embargo, en la práctica vemos que algunos egresados no son considerados como profesionales sino hasta pasados unos años de experiencia laboral. Además, ¿cómo entender “lo profesional” desde la realidad sudamericana donde, a falta de escuelas, abunda la formación autodidacta mediante clases y talleres de distinta índole? La formación autodidacta permite a los artistas trabajar y vivir de su arte como lo hace cualquier profesional, sin embargo, la pregunta persiste, ¿cuándo una persona se convierte en un profesional?

¿Acaso ser profesional de circo se reduce a cuántas horas entrenas o cuántos trucos puedes ejecutar? Como se trató en la charla, ser profesional es más que eso. Tiene que ver con la relación que un individuo fomenta con su trabajo, con la consciencia de cómo su actuar afecta a los demás. La profesionalidad tiene que ver con el uso que le damos a nuestras habilidades técnicas, artísticas y sociales, la manera en que presentamos nuestro trabajo a través del dossier, la página web o la tarjeta de presentación. No es sólo tener una buena imagen, sino producir circo desde el respeto a nuestra profesión que implica hacer consciencia de cómo te relacionas con los demás, con tus clientes, con ser puntual y responsable, etcétera. Necesitamos entender la profesionalización en un sentido más amplio. Como latinos, parece que cada día nos vamos superando más técnicamente, pero parece que hay una carencia en la educación cívica de pensar en los demás, que se refleja en todas las áreas, desde negociar una presentación y enviar un presupuesto adecuado hasta en el contenido y la dirección de una creación de circo.

Debemos comprender que las claves para la profesionalización del circo no las debe dictar un ente superior, sino que debe partir de nosotros mismos. A partir de este autoconocimiento es que entonces podemos buscar reconocimiento. Comencemos entonces por autodenominarnos como profesionales de circo en formación, es decir, conscientes de nuestros retos y deficiencias. Desde ahí, luchemos por un cambio real donde todos nos hacemos cargo. Cada comunidad de circo podrá tomar las riendas al comprometerse con un autodiagnóstico colectivo que comience con preguntas básicas: ¿Quiénes somos? ¿Qué queremos? ¿Cuál es la labor artística y social de tu comunidad circense? ¿Cómo podemos aliarnos? ¿Cómo ayudar a los artistas que se forman en las escuelas extranjeras a regresar a su país de origen y contribuir recíprocamente a nuestro desarrollo? ¿Porque los artistas tienen que irse a estudiar a Europa? ¿Cómo apoyar iniciativas de formación profesional para ofrecer rutas de profesionalización exitosa desde Latinoamérica?

Conclusiones

La charla abrió muchas preguntas importantes. No es posible responderlas con ligereza. La profesionalización es un tema con muchas implicaciones que habrá que ir discutiendo poco a poco. A continuación, rescatamos algunos puntos con la intención de avanzar en la discusión.

  • La profesionalización comienza por un deseo individual de superación al que se le debe alimentar con compromiso, educación e información. No podemos saltamos las etapas. Como un médico no puede operar después de un mes de clases, un artista de circo debe formarse y tener experiencia antes de tomar roles más importantes en la comunidad como por ejemplo entrenador o creador. Debemos crear consciencia comprometiéndonos a generar y difundir información útil y confiable. Indudablemente, en Latinoamérica, falta información.
  • La profesionalización no solo compete a individuos sino al gremio, a comunidades y sectores de circo. La charla demostró que es necesario normalizar la presencia de profesionales de diversas áreas como sociólogos, psicólogos, kinesiólogos, etcétera, que pueden colaborar con artistas y aportar mucho al movimiento de circo. Para que el gremio circense tenga más peso y desarrolle una voz más potente debemos aprovechar el conocimiento de otras áreas e incluso aportar a otros campos profesionales con nuestros conocimientos y experiencias. Así el circo ganará relevancia.
  • Es nuestro deber el impulsar la profesionalización desde nuestras localidades. Estudiar en el extranjero abre muchas puertas de conocimiento, de redes sociales y aporta madurez artística. ¿Cómo podemos lograr ofrecer opciones de formación ricas en nuestros contextos? Es muy importante apoyar para que artistas de circo vuelvan a su país de origen y pongan su granito de arena en la educación y el trabajo circense local.

Para concluir, considero que es necesario trabajar en muchos frentes al mismo tiempo. Comencemos generando redes de apoyo e intercambio. Creemos grupos en cada país donde se impulse una comunicación constante entre fronteras nacionales. Establezcamos lazos con gobiernos e instituciones para ser escuchados y que reconozcan nuestro trabajo artístico. Generemos conocimiento y difundamos información pertinente ampliamente entre nosotros y para nosotros. Impulsemos plataformas de comunicación de base en Latinoamérica para generar conocimiento accesible. Fomentemos alianzas y crezcamos juntos. Consigamos más apoyo para empoderarnos mutuamente. Respetemos el proceso de cada país. Finalmente, sigamos dialogando para construir una identidad latinoamericana que nos haga crecer y que nos fortalezca. El cambio parte de cada uno. Después, hay que aprender a sostenernos y crecer acompañándonos.

Por Romina Buscaglia Vásquez, bailarina y acróbata aérea.

Edición editorial: Roy Gómez Cruz

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Salud y el Circo Contemporáneo

Diapositiva sobre el enfoque integral al tema de la salud y el circo latinoamericano. Autor: Pablo Díaz Collao

Contra un clima de confinamiento y resguardo generalizado, resultado de una pandemia global, hemos lanzado una invitación abierta e inclusiva para dialogar y reflexionar sobre el circo Latinoamericano. Bajo el nombre, Hablemos de Circo: Espacio Virtual de Diálogo y Reflexión, esta iniciativa propone una serie de charlas con el fin de compartir, generar y difundir conocimiento sobre la diversidad del circo en Latinoamérica, así como sus retos y necesidades. Las temáticas se definen a partir del interés de los participantes, de su experiencia y sus áreas de pericia. El único requisito para participar es comprometerse y hacer un esfuerzo por escuchar, aprender de los demás y compartir sus conocimientos. Acompañándonos en diálogo y reflexión, nuestra meta también es tender puentes entre fronteras nacionales, crecer como red e impulsar el acceso al conocimiento y la difusión de información confiable. Haciendo comunidad, queremos reducir la distancia entre la teoría y la práctica circense. El siguiente texto recoge las reflexiones grupales de la charla del 23 de marzo sobre circo y salud escrita desde mi propio entendimiento. No pretende agotar todas las reflexiones compartidas generosamente por el grupo, sino dar constancia de algunos ejes de diálogo para continuar la discusión.

Desde Santiago de Chile, Pablo Díaz Collao, artista de circo y especialista en kinesiología, moderó la charla. Ante la crisis de salud y desinformación (o de saturación de información) que parece atravesar el mundo, el tema no podría ser más pertinente. Además, vinculado al circo latinoamericano, la salud es una cuestión particularmente complicada dada la inseguridad y vulnerabilidad que enmarca el entrenamiento de circo y su producción en este lado del mundo.

Personalmente, en dos horas de diálogo colectivo aprendí muchísimo más sobre salud que en las incontables horas que he malgastado navegando un mar de contradicciones, alarmismo y banalidades que inunda mis redes sociales a propósito de la contingencia actual de salud. Y es que de Pablo aprendí una idea sumamente potente: el empoderamiento de mi salud. Quizás para profesionales de disciplinas terapéuticas o de prevención y manejo de lesiones esta idea les sea más familiar. No para mí. En mi experiencia, las discusiones sobre salud en el circo casi siempre se enfocan al tema del seguro médico y por lo tanto sobre qué protecciones existen cuando ya existe una lesión o cuando lamentablemente ya ha habido un accidente o infortunio. Aunque el seguro médico es un tema crucial como derecho al que todas y todos los artistas de circo deberían tener acceso, la gestión de nuestra salud requiere de mayor comprensión y de mucho más compromiso.

A mi entender, la idea del empoderamiento de mi salud precisamente se trata de generar este compromiso. En la charla comprendí que la salud de mi persona (mi salud) está intrínsecamente ligada a la salud de los demás (mi familia) y de mi entorno (mi comunidad). Por lo tanto, la salud es una responsabilidad compartida. Requiere de mi compromiso con acciones continuas y estratégicas. A primera vista esta idea puede parecer obvia .Sin embargo, su aplicación en la realidad es más bien difícil y compleja. En un mundo de contradicciones y de extremos, unas personas se preocupan muy poco por la salud de los demás gracias a que gozan de privilegios mientras que otros carecen completamente de acceso a la salud o a información confiable para cuidarse a sí mismos, mucho menos a los demás. Y aún así, diariamente tomamos acciones que consciente o inconscientemente promueven nuestra salud o, al contrario, van en su detrimento. La clave está entonces cambiar nuestra forma de entender este concepto y tomar cargo de las posibilidades reales que tenemos a la mano. Para lograr identificar estas posibilidades, Pablo nos invita a pensar en tres áreas muy importantes: evaluar, diagnosticar y ejecutar. Sin una idea clara las acciones que ya ejecutamos, ¿cómo podríamos mejorar su eficacia? Vale la pena entonces mejorar las formas de evaluación y diagnóstico de nuestras propias prácticas y desde ese lugar de conocimiento/empoderamiento ejecutar acciones concretas. ¿Qué acciones afectan positiva o negativamente a tu salud en los espacios de entrenamiento o trabajo en que te desempeñas? ¿Qué acciones ejerces ya y quizás sin pensar que contribuyen positivamente a la salud de tu entorno? ¿Qué situaciones de riesgo dejas pasar aun cuando te dan mala espina, temor o preocupación?

Al avanzar en la discusión, el grupo respondió activamente a los cuestionamientos de Pablo ilustrando con ejemplos y experiencias propias, haciéndonos ver que cada contexto es diferente y determinante. Aunque hay modelos más eficaces para la gestión de la salud del gremio circense, por ejemplo en Francia, Montreal o Bélgica, la condición particular del circo en Latinoamérica nos obliga a reflexionar y tomar acciones desde nuestras realidades particulares y específicas. Las problemáticas sobre salud y circo abundan en países latinoamericanos. Por ejemplo, en México, compañeras han experimentado una falta de interés y seriedad de parte de artistas de circo por participar en programas puntuales de capacitación en estrategias de salud y prevención de lesiones. En Chile, algunas escuelas y universidades han podido brindar seguro médico a tropas circenses—un modelo que podría replicarse para aprovechar los recursos de instituciones educativas—sin embargo, la gran mayoría de artistas de circo no están afiliados a centros y programas educativos y hacen circo en franca vulnerabilidad.

En otras latitudes, compañeros han presenciado accidentes aparatosos y desafortunados en escenarios. En esos casos, la respuesta de atención médica primaria se reporta como visiblemente lenta e ineficiente para una situación en que los recursos de atención y/o el personal médico son vitales. Los problemas son muchos en Latinoamérica y van desde espacios de entrenamiento de circo sin protocolos de seguridad básicos, por ejemplo, de rigging y montaje, y sin vínculos con personal profesional de la salud. Estas situaciones se agravan por la deficiencia estructural de las instituciones de salud (más allá del circo) y el abismo que separa las pólizas de cobertura del seguro privado y la realidad de la práctica circense, además del gran desconocimiento del riesgo que implica hacer circo y de cómo gestionarlo eficientemente. Como expresó Pablo en algún punto, “los profesionales de la salud deben de salir de sus oficinas y conocer la realidad del circo,” un pensamiento que cabe no solo para el ramo circense sino para muchos otros contextos de vulnerabilidad.

Rescato también un punto que se trató en la charla y que me parece sumamente importante para pensar la realidad del circo. Una creencia muy popular sobre la identidad del circo (lo que hace al circo, circo) es la búsqueda técnica y artística por transgredir, sobrepasar y trascender los límites del cuerpo humano. Sin duda es un tema al que ya se le han dedicado tesis, investigaciones y reflexión. En el corazón del circo parece estar la proeza física: llevar al cuerpo más allá de sus propios límites. Compañeras compartieron ejemplos de como esta mentalidad atraviesa muchas actividades del circo. Por ejemplo, los estudiantes de circo llevan las cicatrices, quemadas y moretones como marcas de orgullo, una suerte de “marcas de guerra” en una mentalidad militar. No es raro que artistas profesionales de circo se lesionen de gravedad y aún así decidan continuar y terminar el espectáculo. Es común, compartieron una compañera, sentir una presión en clases de circo por hacer trucos o tomar acciones riesgosas a las que quizás aún no se está preparada a ejecutar. Es común sentir frustración y una vorágine emocional al no conseguirlo. Así pues, parece existir una tensión entre los aspectos positivos de la mentalidad circense que ayudan a superar temores y sobrepasar los propios límites y su contraparte negativa al hacerlo de manera inconsciente y con alto riesgo de lesionarse. Con apoyo de las ideas centrales de la discusión, ¿qué responsabilidad tenemos al promover esta mentalidad, de qué forma los estamos haciendo y cuáles son sus consecuencias? ¿Bajo qué valores y mediante qué recursos nos dedicamos a la enseñanza o producción de circo, ese que hacemos día con día? ¿Con que herramientas contamos para evaluar y diagnosticar la salud de nuestras prácticas y asegurar mi protección y la de mi entorno? 

Para finalizar, “el circo no es salud,” expresó un compañero durante la charla. Me quedé pensando en esa frase. Es una idea provocadora que nos invita dar a un paso atrás y reflexionar, ¿qué entendemos por salud desde el circo y más allá del circo? ¿Cómo impacta el concepto que tengo de salud en promover la salud de mi persona y de los demás? ¿De qué maneras soy responsable de la salud de mis entornos circenses, en conjunto o inclusive más allá de las instituciones? ¿Quién toma las decisiones en estos espacios y qué herramientas tengo para evaluarlas y cuestionarlas si es necesario? ¿Qué ejemplos hay de compañías o espacios circenses comprometidos con prácticas saludables? En respuesta esta última pregunta, el grupo compartió casos de compañías que practican la salud como responsabilidad compartida. Uno de estos ejemplos se puede resumir en la frase, “tu dedo es mi dedo,” es decir, tomo responsabilidad de mi salud y de la tuya porque al final de cuenta son la misma cosa. En el circo, el cuerpo es el instrumento de trabajo y ese instrumento es responsabilidad de todos.

Es importante desarrollar un plan de acción desde lo individual y lo colectivo, sobre todo para promover la prevención, el cual sea claro, comprensible y ejecutable día a día por los artistas, docentes y las instituciones. Para esto es necesario tener en cuenta que una lesión no solo puede ser física, sino mental, psicológica y emocional. Bajo un concepto más amplio de salud, será entonces posible desarrollar las habilidades para atender y guiar prácticas correctas. Es necesario hacer hincapié, como mencionaba Pablo, en fomentar los conocimientos básicos de anatomía, biomecánica, nutrición, psicología del ejercicio y la autoeducación. Rescato esta frase para nuestro día a día “La salud al circo y el circo a la salud “.

Gran agradecimiento a Pablo Díaz Collao por sembrar esta semilla y preguntarnos ¿cómo desde tu área específica aportas al desarrollo de la salud de las personas y los espacios de circo? Gracias también a todos los participantes del grupo por demostrar que la salud aún en tiempos de crisis tiene muy poco que ver con lavarse las manos.

Por Roy Gomez Cruz. Edición: Julia Sánchez y Adán Salinas

Guadalajara, Jalisco México. Marzo 2020.

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